Bienvenido a este blog. Hasta principios de otoño de 2018 y desde marzo de 2010, sirvió para que el alumnado al que atendí en las áreas de Música y Lenguaje tuviera a su disposición una herramienta que poder usar al trabajar en dichas materias.
A partir de ahora se convertirá en el escritorio de un maestro jubilado. Pero no queriendo eliminar, por su posible utilidad, la información acumulada durante los ochos años citados, convivirán juntas las experiencias de una parte importante de la vida laboral con las experiencias de la vida de quien ya no ejerce la docencia.
Una advertencia: Desaparecen todas las imágenes y vídeos del alumnado, pero seguirá habiendo acceso a ellos a través del blog original, pulsando en el siguiente enlace Blog de Música y Lenguaje
Algunas de las páginas a las que desde este blog se dirigía al usuario ya no existen o han dejado de funcionar porque el soporte informático que las mantenía también ha desaparecido.
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viernes, 6 de marzo de 2026

ACCIDENTES DE AVIACIÓN EN SIERRA NEVADA

Todos hemos oído hablar en alguna ocasión de los accidentes de aviación producidos en nuestra sierra, en Sierra Nevada, pero quizás no todos conocíamos que no han sido dos, ni tres, ni siquiera cuatro los siniestros. Han sido muchos más. Hoy día 6 de marzo se cumplen 60 años desde que la avioneta AISA I-11B se estrelló contra los Peñones de San Francisco, falleciendo sus dos ocupantes. Profundizando en el asunto me he percatado de todo lo que desconocía y he decidido publicarlo a modo de homenaje a caídos y a héroes. Me resulta sorprendente que pasado mañana día 8 se cumplirán 66 años de otro accidente aéreo. Fuentes más importantes consultadas: 

https://escuelasierranevada.com/blog/blog-sierra-nevada/el-accidente-aereo-de-la-alcazaba-en-sierra-nevada/

https://web.guardiacivil.es/eu/destacados/efemerides/8-de-marzo-de-1960.-Rescate-en-accidente-aereo-en-Picon-de-Jerez/

https://hemeroteca.ideal.es/

Cárdenas, Andrés. Granada desde 1940.

Lozares Sánchez, Michel. Los aviones de Sierra Nevada. Alhulia.

Fotos tomadas del texto de Michel Lozares.

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11 de febrero de 1944. 

Una avioneta Bücker 183 despegó del aeródromo Dávila (Armilla) en vuelo de entrenamiento. Pilotaba el capitán Rafael López Herranz  y acompañaba el teniente piloto Federico Esteban Delgado. Tomaron rumbo a Sierra Nevada y sobre los Peñones de San Francisco, a 2.500m de altitud y 150 m sobre el terreno el aparato perdió revoluciones y altura. Siendo imposible regresar al aeródromo, a las 12:28 intentó un aterrizaje de emergencia en el Collado de las Sabinas. Aunque la avioneta capotó, ninguno de los dos tripulantes sufrió daño alguno y fueron auxiliados por unos esquiadores.

27 de septiembre de 1952.

A las 8:00 horas despegó de la base aérea de Armilla un Savoia-Marchetri (SM.79 Sparviero) hacia Palma de Mallorca con cuatro tripulantes (primer y segundo pilotos, mecánico, y radiotelegrafista). Un  quinto tripulante previsto (cabo fotógrafo) llegó tarde y se quedó en tierra. Al poco de emprender el vuelo, sobre La Peza, comunicaron por radio el mal funcionamiento del motor izquierdo y decidieron regresar a la base. Minutos después comunican la parada del motor central con lo cual la pérdida de altitud era irremediable. A las 8:30 horas el aparato cayó en la Cañada del Vinagre, cerca de Tocón de Quéntar. Primero chocó contra los pinos, perdió los planos y se estrelló contra el suelo incendiándose de inmediato, pues los depósitos de combustible estaban llenos. Los cuatro tripulantes perecieron en el acto. Las causas del accidente se achacaron al mal funcionamiento del material. Sólo una semana antes, otro SM.79 cayó cerca de Calicasas.

Lugar del accidente

1 de abril de 1954.

Una avioneta británica Miles Hawk Trainer despegó del aeropuerto García Morato (Málaga) hacia el aeródromo El Carmolí de Murcia. El piloto y un pasajero, estadounidenses ambos, eran las únicas personas a bordo. Se les recomendó la ruta de la costa, pues la visibilidad en la zona de Sierra Nevada era nula debido a la niebla; pero se dirigieron hacia la sierra. En torno a las 15:00 horas, en las cercanías de El Cerecillo (Cáñar), varios labradores escucharon el ruido del motor de un avión y una fuerte explosión. Los labradores llegaron caminando entre la niebla y hallaron el aparato partido en dos. La parte delantera se había incendiado completamente. Nada pudieron hacer por sus dos ocupantes.

2 de agosto de 1958.

Una avioneta HM-1 "Monda" despegó de la base aérea de Tablada (Sevilla) con destino a San Javier (Murcia). Al mando un  teniente piloto y un cabo mecánico. Repostó combustible en Granada (Armilla) y prosiguió su vuelo. Tras sobrevolar Quéntar viró internándose en el barranco del río Padules, en pleno rumbo al macizo de Sierra Nevada. Remontado el barranco siguiendo el río y ante la imposibilidad de rebasar la línea divisoria o dar media vuelta, realizó un aterrizaje de emergencia en la Dehesa de los Llanos. Aunque la avioneta quedó totalmente destrozada, el piloto resultó herido levemente e ileso el pasajero.

8 de marzo de 1960.

El avión R5D-3 BuNo 56521 Ciudad de Madrid, despegó del aeropuerto de Capodichino (Nápoles) a las 8:31 horas, con destino a la base de Rota (Cádiz) donde haría escala antes de proseguir hacia Marruecos. A bordo viajaban 6 tripulantes y 18 pasajeros, entre los que se encontraban los miembros del equipo de baloncesto de la NAF Nápoles (esto recuerda bastante al accidente de los Andes de 1972). A las 13:45 horas, volando a través de una fuerte tormenta de nieve, el aparato se vio atrapado en una  corriente de aire descendente que provocó una pérdida de altura considerable (400 pies -más de 120 m-). La tripulación observaba montañas tanto por debajo como por encima de ellos. Aunque el piloto elevó el morro y aplicó potencia, con la velocidad que llevaba (80 nudos -menos de 150 Km/h-) asumió el impacto evitando que éste fuese frontal, produciéndose en la falda del Picón de Jérez a poco más de 3.000 m. El avión se deslizó unos 1.200 m y quedó parado a los pies del tajo de Chorreras Negras (2.400 m). El fuselaje quedó prácticamente intacto y todos los pasajeros sobrevivieron resultando la mayoría ilesos o con contusiones y fracturas de diversa consideración. A las 14:45 dos pasajeros ilesos (otras fuentes hablan de los dos pilotos o del piloto y un pasajero) buscaron auxilio montaña abajo. Al cabo de cinco horas de duro caminar llegaron a Jérez del Marquesado y a su cuartel de la Guardia Civil. El rescate, en sus diversas faceta daba comienzo. Según Carlos Jaldo (este señor podría tratarse del hijo de Francisco Jaldo, primer sanitario que atendió a los heridos) nunca en la historia de la aviación se había producido un accidente a esa altitud, salvándose todos sus pasajeros. En el pueblo se llegaron a componer letrillas aludiendo al suceso: Al pie de Sierra Nevada/ un aparato cayó/eran todos americanos/ que pedían salvación. Pocas semanas después los americanos, dispuestos a corresponder, comenzaron a enviar al pueblo cargamentos de víveres y de ropa donada por EEUU. Hasta el embajador John Devis Lodge visitó el pueblo. De allí salió con el sobrenombre de don Juan. Don Juan permitió que los vecinos se quedaran con el avión siniestrado y el municipio lo vendió al gobierno por 1.180.000 ptas. Con el dinero se arregló el campanario y se propició la llegada de agua potable.


Chorreras Negras

2 de octubre de 1964.

Un DC-6 de la compañía UTA despega del aeropuerto de París-Le Bourget cubriendo el vuelo regular de pasajeros UT-887 a Mauritania con escalas en Marsella y Palma de Mallorca. A las 5:05 horas el centro de información de vuelo de Sevilla, que no había recibido posición del DC-6 a través de Málaga, le llamó en repetidas ocasiones sin obtener respuesta. Unas noticias daban al avión por caído en el Mediterráneo. Otras, que había caído en Sierra Nevada. Lo vieron estrellarse en la sierra granadina un pastor de Laujar y un sargento de la Guardia Civil de Berja, que informó a sus superiores de haber visto la caída de un objeto envuelto en llamas cerca del Veleta. La Guardia Civil movilizó varios puestos de la sierra de Granada. Desde Trevélez partió hacia el Mulhacén un grupo de voluntarios dirigidos por el teniente coronel de infantería Sr. Gallegos. Cerca de la cumbre de la Alcazaba vieron una gran mancha negra y dirigiéndose a ella hallaron los restos del cuatrimotor, sin signo alguno de vida. Se estrelló a 200 m  de la cima de la Alcazaba en el paraje llamado Tajos del Goterón. Tras la confirmación se organizaron los equipos de rescate. 

–Vi a lo lejos la cara de un niño entre dos rocas. Me acerqué y comprobé que no había cuerpo, ni cráneo, ni masa encefálica. Nada, solo la cara –recuerda con nitidez Antonio Maldonado. Es una imagen que le ha perseguido durante toda la vida. El rostro del niño pertenecía a una de las ochenta víctimas que había registrado el accidente del avión estrellado en Sierra Nevada.  Aquel día recogió en un saco brazos, piernas y trozos de carne que ni sabía a la parte del cuerpo a la que pertenecía. Él era entonces cabo en la base aérea de Armilla. Recibió la llamada de su superior para llevar a cabo una importante misión. Era la de recoger los cadáveres del avión y sus pertenencias para luego poder identificarlos. Fueron hasta allí unos veinte soldados en un Jeep y en una camioneta. Pero la historia de la tragedia, que en Granada se conoció como la de "el avión de los franceses", había comenzado casi treinta horas antes.

La mayoría de los viajeros eran trabajadores de una mina de hierro de Mauritania que habían pasado unos días de vacaciones en su país y volvían a sus trabajos. También iba en el avión el ingeniero español Julián Bielsa, ingeniero aeronáutico y exiliado, que era el director general de Aviación Civil de Mauritania y la condesa Marguerite Marie Trouve, que iba con sus tres hijas. Tal vez el caso más dramático era el de una mujer que viajaba con sus tres nietos de corta edad.

Se llegó a la conclusión de que el único factor extraño y fuerte era el viento y a él se debía atribuir la desviación de la ruta que ocasionó el accidente.


Cementerio de Granada. "Patio del avión".

12 de febrero de 1966.

Todo el mundo conoce el suceso acaecido en Palomares, localidad perteneciente al municipio de Cuevas de Almanzora (Almería). En el contexto histórico de la Guerra Fría, el 17 de enero de 1966, dos aeronaves de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (un avión cisterna KC-135 y un bombardero estratégico B-52), colisionaron en vuelo en una maniobra de abastecimiento de combustible. Esto provocó el desprendimiento y la caída de las cuatro bombas termonucleares B28 que transportaba el B-52, así como la muerte de siete del total de los once tripulantes que sumaban ambas aeronaves. Como las desgracias nunca vienen solas, un avión americano que venía con material de apoyo para los efectivos que participaban en la búsqueda de las bombas caídas, se estrelló unos días después en Sierra Nevada en un lugar llamado Peñones Negros, a 3.250 m de altitud. Murieron los ocho tripulantes que iban a bordo. El impacto fue tal, que el trozo de mayor tamaño apenas medía dos metros. Los restos humanos, imposible de identificar quedaron esparcidos y bajo la nieve en un área de varios kilómetros.

6 de marzo de 1966.

Una avioneta AISA I-11B despegó de la base aérea de Armilla a las 13:00 horas. A los mandos iba Demetrio Spínola, que llevaba a un pasajero. Puso rumbo a la sierra y tras alcanzar la zona de pistas de esquí sobrevoló la estación realizando algunas pasadas (vuelo rasante). Entre los esquiadores estaban sus hijos. Al salir de una de las pasadas la avioneta se introdujo en un banco de niebla e instantes después se escuchó un fuerte golpe. Se acababa de estrellar de frente contra los Peñones de San Francisco, a escasos 60 m del albergue universitario. Ambos tripulantes fallecieron en el acto.

8 de junio de 1975.

Otra avioneta AISA I-11B despegó de la base aérea de Armilla. Tras una hora de vuelo tomó rumbo a Sierra Nevada volando a unos 200 m de altura en paralelo a la carretera que discurre entre La Zubia y Cumbres Verdes. De regreso, volando a muy baja altura, se encontró con un tendido eléctrico de alta tensión y tras chocar con  los cables se precipitó al suelo resultando totalmente destruida. Los ocupantes fueron auxiliados por los excursionistas de la zona, pero lamentablemente el piloto falleció cuatro días más tarde.

19 de abril de 1981.

Una avioneta Beech M35 Bonanza despegó del aeropuerto de Granada con destino al aeródromo de Cortijo Grande (Almería). El piloto viajaba con su esposa y sus tres hijos. La ruta más larga consistía en desviarse hacia la costa e ir hacia Almería. La segunda, rodeando Sierra Nevada, que ese día estaba muy cubierta. El piloto se puso en contacto con el de otra avioneta, quien le indicó que las condiciones meteorológicas al norte del Veleta eran difíciles. Observó cómo hacía 360 grados para tomar altura y ese fue el último contacto que se tuvo tanto por radio como visual. Un helicóptero de SAR localizó a la avioneta estrellada en la Loma de Peñamadura, cerca de la Laguna de las Yeguas. No hubo supervivientes.

29 de enero de 1990.

El helicóptero AS 350B Ecureuil despegó del aeropuerto de Málaga con destino a Sierra Nevada con la intención de realizar trabajos de filmación para CETURSA de cara a promocionar la candidatura al Mundial de Esquí. De Málaga partió con dos tripulantes. En Pradollano aterrizó y subieron dos operadores de cámaras y el director de VIPROM Televisión, S.A. quedándose en tierra el acompañante del piloto. Según las declaraciones de un ayudante de cámara, durante las dos veces que rebasaron el collado de la Carihuela advirtieron que el viento impedía pasar la vertiente con comodidad. Al pasar por tercera vez una ráfaga de viento desequilibró el aparato, las palas chocaron contra la ladera, el rotor de cola contra el terreno y los asientos traseros salieron despedidos con sus ocupantes. La cabina cayó ladera abajo con piloto y acompañante. Los cuatro ocupantes fueron rescatados con vida, si bien el piloto falleció.

12 de marzo de 2007.

La Brigada Especial de Refuerzo Contra Incendios de la base de Los Moralillos en Jérez del Marquesado recibió aviso de emergencia para participar en labores de extinción en el término municipal de Níjar (Almería) El helicóptero Bell 412 de dicha base despegó llevando a bordo al piloto, un técnico de mantenimiento y la brigada compuesta por once especialistas más el técnico responsable de ella. Con los depósitos llenos, pesaba 5.000 kg. El piloto contactó con la torre de control del aeropuerto de Almería informando de que el campo de tiro del ejército en Viator estaba activo. Realizaron su labor de extinción y de regreso se vieron obligados a evitar nuevamente el campo de tiro, que aún permanecía activo. El indicador de combustible indicaba 450 lb (unos 200 litros). Ascendieron hasta 8.000 pies en dirección a Sierra Nevada, cruzaron el Puerto de la Ragua y se encendió el indicador de combustible escaso. Cinco minutos después se pararon los motores. El piloto realizó un aterrizaje de emergencia en el mejor lugar posible: el campo de fútbol de Lanteira. Sólo hubo que lamentar contusiones de carácter leve.

Hasta la próxima.

miércoles, 21 de junio de 2023

OTRA ÉPOCA

    El lector habrá observado que hace ya algún tiempo no aparece ninguna entrada en este blog y ello no es por desidia ni por escasez de temas. En absoluto. Lo cierto es que desde febrero de este 2023 trabajo en un tema muy interesante al que dedico bastante tiempo cada día y del que tendréis noticias en su momento. Así pues, pido disculpas a mis lectores y ahora me dispongo a efectuar un alto en el camino para referirme a ciertos recuerdos de mi infancia. Recuerdos de...

OTRA ÉPOCA

    Me remontaré al curso escolar 1968/69. Yo iba a cumplir diez años nada más comenzar las clases. Provenía de la Graduada aneja a la Escuela Normal de Magisterio donde había cursado los estudios primarios y, tras un examen de Ingreso que a la sazón consistía en un dictado y una monumental cuenta de dividir (digo monumental porque en el dividendo había una cantidad de cifras que, como poco, duplicaba la de un divisor que contaría con al menos cinco), accedí al Instituto 'Padre Suárez'. Aún en ese momento, y por muy poco más, la Primaria daba acceso a un Bachillerato de seis años con dos reválidas, una al finalizar el cuarto año y otra al concluir el sexto. 

    Para un alumnado de la edad que os digo, la transición al Bachiller conllevaba el salto de haber permanecido bajo la atención de un maestro generalista, a recibir un Profesor por cada una de las asignaturas que conformaban lo que actualmente se viene denominado malla curricular.

    Cuando uno transitaba por los marmóreos pasillos del Instituto, a menudo se cruzaba con los estudiantes de sexto curso, los cuales, o no reparaban en tu presencia, o si lo hacían era para mirarte con cierto asco. Dios mío, ¿dónde me habían metido? Pero había que sobrevivir a las extrañas normas de ese nuevo mundo: los toques de timbre para cambiar de aula, las esperas en los fríos bancos de los corredores, el convencimiento de que los derechos se adquirían poco a poco, curso a curso porque la jerarquía era la edad.

    -¡Eh, levanta! Era el saludo de algún alumno de quinto, o de sexto, que te pedía 'amablemente' el sitio que tú, asistido por el derecho de haber llegado antes, ocupabas. No obstante, sobrevivir no era excesivamente complicado. Había que ir conociendo al veterano, respetar su antigüedad y poco más. 

    Era habitual etiquetar con un mote a todo Profesor del Claustro. De eso ya se habían encargado los veteranos y algunos de aquellos motes tenían una solera, que ni los mejores vinos. 'Mediometro', 'Pepe guitas', 'La bajita', 'Medialuna', 'El zorro negro'... son ejemplos de los que coronaban a determinados Profesores atendiendo a su físico en unos casos, o a su personalidad, en otros. Hasta los apodos estaban adjudicados en razón de jerarquía. 'Mediometro' manifestaba cierta crueldad hacia el condecorado al hacer referencia diáfana a su estatura, mientras que 'El serio' aludía con claridad a su personalidad con respecto al alumnado.

    La Educación Física la practicábamos en el austero patio de rejas verdes contiguo al edificio. Allí, salíamos treinta y tantos o cuarenta niños uniformados con un pantaloncillo corto de color azul y una camiseta verde de sisas. Daba lo mismo invierno que primavera. La indumentaria era la misma. Los fríos te obligaban a permanecer en ejercicio constantemente. Recuerdo una ocasión en que el Delegado de clase, generalmente el de mayor edad o el más corpulento, se dirigió al Profesor para exponerle el efecto que nos producían las bajas temperaturas. El docente vestía un pantalón deportivo largo y una trenca de piel. 

    -¡Hay que echarle cojones! -fue su contundente respuesta, mientras se desprendía de su chaquetón mostrando un torso velludo como el de un oso. En ese momento comprendí por qué lo de 'Pepe pechos'. 

    Las clases de Geografía de España las impartía un señor que también servía en la Escuela Normal, preparando en tal materia a los estudiantes de Magisterio. Es bien sabido que Instituto y Escuela Normal están en la misma calle, uno frente a otra. Al terminar la clase para los futuros Maestros, inmediatamente este Profesor tenía cita con los alumnos de primero de Bachllerato. Pero, obviamente, había un tiempo que se perdía durante el traslado. Y más aún si se entretenía con los discípulos de la clase anterior. El hombre, también militar de carrera, tenía la clase jerarquizada como si del ejército se tratara. Capitán General, Coronel, Comandante, Capitán, Teniente, Sargento, Cabo... y la tropa. Yo tuve el honor de ser Sargento, nombrado, como los demás, a su voluntad. 

    -¡Teniente, borre la pizarra! Al momento la orden pasaba al sargento y yo no podía hacer otra cosa que... ¡Cabo, borre la pizarra! Sobrevivir. Al final, la pizarra la borraba un soldado. Así eran las cosas. 

    Las clases eran amplias con una tarima sobre la que reposaba la extensa mesa de madera del Profesor. La zona de alumnos estaba peraltada, un pasillo escalonado central y unas bancas corridas, a derecha e izquierda. Para salir un escolar a la pizarra, si no era el más cercano al pasillo, todos debíamos levantarnos elevando el largo asiento para dejarle paso. En alguna ocasión, dependiendo de qué Profesor, la pesada tabla se dejaba caer expresamente para generar un considerable estrépito. ¡Booom, boom bom! rebotaba el incómodo madero antes de que la gravedad lo dejase inerte.

    -¿Quién ha sido? -trataba de inquirir el Profesor. En muchas ocasiones se consideraba un lamentable accidente. En otras, un dedo acusador y luego muchos más señalaban a cualquiera de la fila que debía rendir cuentas por cualquier agravio ocurrido fuera de clase.

    Volviendo a las clases de Geografía, el mencionado Profesor acostumbraba a llegar cinco o seis minutos tarde. Era el momento en que algunos iban al servicio o bebían agua. Desgraciadamente para los que estaban fuera, la ocasional e inesperada puntualidad del Profesor provocaba una catástrofe. La puerta del aula se cerraba tras el enseñante y conforme iban regresando los evadidos, la mazmorra les iba acogiendo. Uno tras otros se iban acurrucando bajo la mesa del estrado. En esa ocasión recuerdo que entraron once niños. El espectáculo era impresionante. El Profesor giraba ostentosamente su brazo hacia atrás haciéndolo girar doscientos setenta grados y con el impulso final del índice despegaba la ceniza de su puro como un cohete se desprende de una fase ya consumida. El material quemado entraba bajo la mesa sin miramientos, mientras un tropel se protegía moviéndose de un lado a otro y generando un importante estruendo sobre el entarimado. Oficiales, Suboficiales y el resto de la tropa gozaban como en un circo.

    Supongo que el cansancio obligaba a 'Pepe puros' a descabezar de cuando en cuando un sueño durante la sesión de clase. Era el momento en que el Capitán General tomaba las riendas y preguntaba la lección del día. En una ocasión yo fui el protagonista. Fui llamado a la tarima y delante de la mesa del Profesor, dando las espalda al resto de compañeros recibí la orden de hablar sobre Extremadura. Viendo el Capitán General que yo no sabía por dónde abordar la tarea, con sumo cuidado giró el libro para que yo pudiese leer sobre el asunto.

    -Extremadura es una región situada al centro-oeste de España. La componen las dos provincias más extensas de nuestro querido país... 

    Lo importante era jugar con la voz al leer. Había que titubear, corregir, cuidar en definitiva el discurso, para dar la impresión de estar recordando y no leyendo. Por otro lado, el soniquete de la 'exposición' mantenía relajado al Maestro. Finalmente el Capitán General volvía a girar el libro de texto y cuando se detenía, el auténtico Jefe de la clase se desperezaba y te calificaba. 

    -Ponle un dos -ordenaba. Y el Capitán General anotaba el número en el casillero correspondiente de la libreta. Como la calificación máxima era de tres puntos, yo terminé satisfecho de mi interpretación.

    Cuando tuve un Profesor que entendía la clase y la materia de otra forma, hube de sudar tinta china para hacerme con los conocimientos que no había aprendido antes.

   ¿Por qué relato esto? ¿Por resentimiento? No. ¿Por anecdótico? Sí. ¿Por desprecio? No. Pero qué desperdicio. Me consta que el Profesor era un buen docente y que dominaba su materia. Que pensara en su método como una forma de mantener relajado al alumnado, de hacerle reír... Lo ignoro. Sé que no funcionó. Como tampoco funcionó, un par de años después, la iniciativa de otro Profesor de responsabilizar a sus pupilos en la tarea de autocorregir exámenes de Latín bajo palabra de honor de no modificar la información previamente escrita en los folios. Pero todo hay que verlo y analizarlo dentro de su contexto. En general he disfrutado y aprendido con excelentes Maestros y Profesores.

    Era otra época.

Hasta la próxima

miércoles, 23 de noviembre de 2022

¿QUÉ HA SIDO ESO?

Podría tratarse de octubre o noviembre de 1975 o 76. Los tres amigos partíamos de madrugada, alrededor de las cinco, en dirección a la carretera de Sierra Nevada. Yo recogía a Pepe, que vivía muy cerca de mí, y juntos pasábamos por la casa de Jaime, que ya nos esperaba con su cigarrillo en la mano y su habitual sonrisa amplia. Las calles de la ciudad estaban completamente vacías y poco iluminadas. Sólo ellas eran testigos de nuestra presencia y quizá hasta captaran ese hormigueo en el estómago síntoma de la ilusión de tres jóvenes que comenzábamos a experimentar el regusto de las primeras excursiones autorizadas por los progenitores, eso sí tras tenaces negociaciones y aun así a regañadientes. Nos sentíamos libres, aventureros y con la fortaleza necesaria para llegar caminando al Hotel del Duque. Este edificio, mandado construir por don Julio Quesada-Cañaveral, duque de San Pedro de Galatino, nunca llegó a ejercer como tal. El propio constructor duque lo donó al Arzobispado para ser usado como Seminario de verano.

La ruta era larga y de ahí el salir tan temprano. Primero debíamos superar el tramo menos agradable para cualquier excursionista, es decir, la carretera y el asfalto. Al llegar a Pinos Genil seguíamos la vía del tranvía (de la Sierra), línea recientemente clausurada tras casi cincuenta años de servicio. Comenzaba ahí el segundo tramo que seguía las férreas paralelas discurriendo por parajes de incuestionable belleza, transitando por túneles y cruzando puentes hasta alcanzar la estación de El Charcón. En ese punto cruzábamos el río Genil y se iniciaba una fuerte pendiente que nos conduciría al mencionado Hotel.

Pero volvamos atrás. Atravesábamos el barrio de Gracia, recortábamos hacia la calle de San Antón buscando los jardines del Salón, el Paseo de la Bomba, hasta dar comienzo a la carretera de la Sierra. Ya era necesario encender nuestras linternas, circular en fila india y por la izquierda, como mandan las normas. Ante cada uno de nosotros, una pequeña alfombra cónica de amarillenta luz nos aseguraba la protección necesaria contra un mal paso, un objeto extraño en el arcén... Mientras al principio de nuestra caminata, aún por las calles de la ciudad, hablábamos y reíamos, ahora el silencio se hacía espeso. Era necesaria mayor concentración, aunque no esfuerzo.

Estaríamos cerca de Cenes de la Vega, bien llegando o tal vez recién pasado, cuando una luz potentísima proveniente del sur y de casi nuestro cenit, o sea, a la izquierda del cauce del río y por encima de las montañas, iluminó todo durante décimas de segundo.

–¿Qué ha sido eso!? –nos preguntamos deteniendo la marcha y revisando, linternas apagadas, el entorno: un paisaje de noche cerrada, sin luna, tan solo iluminado por las estrellas que un firmamento completamente despejado nos quería regalar. Mirábamos hacia el punto del que creíamos partió el potente foco de luz. Nada especial. Encendimos de nuevo nuestras pequeñas lámparas y reanudamos la marcha. No habiendo transcurrido ni tres minutos, ahora nuestros canales de percepción en alerta, escuchamos los ladridos encolerizados de algunos perros, posiblemente de cortijos próximos. Los gañidos procedían de nuestra izquierda, pero fueron envueltos y ninguneados por un sonido poderoso, como si del grave de una trompa se tratara pero tremendamente amplificado, y de inmediato un segundo destello luminoso procedente de la misma zona que el anterior. La inquietud de los canes unida al extraño y poderoso sonido, provocaron que nuestra vista, en máxima alerta, pudiese delimitar mejor el extraño fenómeno. Efectivamente la luz emanaba como de un foco circular enorme, que revelaba todo el terreno durante una fracción de segundo.

Inquietos, comenzamos a preguntarnos qué estaba ocurriendo. Pensamos si debíamos refugiarnos en el pueblo o cercanías y suspender la excursión. En esas ágiles reflexiones, el fenómeno aconteció por tercera vez y respaldando el mismo guion: los perros, el sonido (la primera vez o no lo hubo o no lo percibimos) y el destello. Después no volvió a repetirse.

Nuestra excursión continuó sin novedad hasta alcanzar la meta propuesta y posteriormente regresar a casa. Pero hablamos sobre aquello y planteamos hipótesis que explicaran la rareza a la que Pepe bautizó con mucha gracia como "Fenómeno Q". ¿"Q"ué ha sido eso? fue lo primero que, sorprendidos, acudió a nuestras bocas. ¿Podría haber sido una bengala? ¿un meteorito? La lógica de nuestras explicaciones terminaba desmoronándose ante la singularidad de lo experimentado.

Preguntamos más tarde a otros excursionistas que encontrábamos si habían advertido algo extraño en el cielo, de madrugada. Nadie. Sólo nosotros. Al día siguiente compré los diarios locales y no recogían noticia, ni siquiera semejante, que pudiera aportar alguna explicación al caso.

Lo más parecido a la experiencia que os he relatado se lo escuché a alguien entrevistado por José María Íñigo en alguno de sus programas de aquellas fechas. Jamás pensamos ninguno de los tres amigos que nos hubiéramos "tropezado con un prodigio de corte extraterrestre". Nunca creímos en ello, pero os certifico que los momentos vividos fueron extremadamente inquietantes y sin duda, aquello, lo más extraño que he presenciado en mi vida.

Hasta la próxima

lunes, 24 de octubre de 2022

EL TELÉFONO

En diciembre de 1999 viajé a Estocolmo con la Coral Ciudad de Granada con motivo de los conciertos que ofrecimos en la capital sueca y alrededores. En aquel momento los móviles ya formaban parte de nuestras vidas aun con todas las limitaciones que presentaban con respecto a los actuales. Durante los días de gira convivimos todos los cantores las veinticuatro horas. Algo me llamó la atención del comportamiento de mis colegas y siempre sucedía después de comer. Mientras esperábamos el café de sobremesa todo poseedor de un móvil lo sacaba e iniciaba un protocolo de revisión. Se chequeaba si había algún mensaje o llamada y se comenzaba a enviar mensajes a familiares, amigos... Lo que me atrajo poderosamente era comprobar que los mensajes no viajaban necesariamente a España, no. Viajaban de un lado de la mesa a otro. El bajo le escribía a la soprano, ésta al tenor, el tenor se comunicaba con la de más allá y así sucesivamente. Qué situación más extraña, con lo fácil que habría sido dirigirse unos a otros personalmente. Sin duda habría otras razones que producirían cierta complacencia tanto a emisores como a receptores. Aquel espectáculo me hacía reflexionar y algún tiempo más tarde imaginé "El teléfono" uno de los relatos más surrealistas que he escrito.

Puedes leerlo con más facilidad por medio de este ENLACE


Hasta la próxima

lunes, 9 de mayo de 2022

LAS SIETE PALABRAS

 Puedes leer cómodamente el relato por medio de este ENLACE








 


Hasta la próxima

martes, 12 de enero de 2021

RELATO

Puedes acceder al relato a través de este ENLACE


Hasta la próxima

 

jueves, 8 de octubre de 2020

¡Viva el Rey!

Esta entrada no requiere comentario alguno pues va implícito en el dicatum que antecede al relato. ¡Viva el Rey! se publicó en Guadalmesí... no recuerdo en qué año.



Hasta la próxima


martes, 16 de junio de 2020

IN MEMORIAM

Con esta entrada sólo pretendo repasar una reflexión de hace mucho tiempo y recordar. Aquella reflexión me condujo a escribir el siguiente relato que fue publicado en la revista Guadalmesí, no recuerdo bien en qué año. Por último el vídeo Respira hondo está creado para recordar. Hasta la próxima.

                                                 
                              

martes, 9 de junio de 2020

DO MENOR VS. DO MAYOR

Que los modos mayor y menor en música expresan respectivamente alegría y tristeza es algo de sobra conocido y en lo que no voy a profundizar.

Circunstancias especiales de estos últimos días me han ayudado a reflexionar y he recordado dos escritos que ahora voy a plasmar en este espacio. El primero lo escribió una antigua alumna del Colegio "Guzmán el Bueno" de Tarifa, donde serví durante siete años. El segundo lo hice yo mismo y se publicó, no recuerdo en qué año, en la revista Guadalmesí. 
Hasta la próxima

UNA HISTORIA DE SEMANA SANTA

El otoño empezaba a deshojar cuidadosamente los árboles y el suelo de Sevilla iba tintándose del color marrón anaranjado que caracteriza esa época del año. Manuel, como cada mañana se levantaba y miraba a través del cristal del ventanuco de su oficina. Apenas había amanecido. Aunque disponía de un cómodo piso casi en el centro de la ciudad, por su trabajo dormía muchas noches, demasiadas noches, donde trabajaba. Era dueño de una modesta nave de aparcamientos. En la planta primera se encontraba la oficina y desde allí controlaba las entradas y salidas de vehículos. Tras unos armarios metálicos, una cama plegable, una nevera, una mesa, una estufa eléctrica y poco más. La gruesa cortina separaba la parte laboral de lo que podíamos llamar “hogar”. De noche cerraba la enorme puerta corredera y por la mañana la abría nuevamente al tránsito de vehículos. No era frecuente tener que abrirla en plena madrugada.


Aquel día de otoño Manuel recibió la pésima noticia de la enfermedad de su amigo de infancia. El cáncer no era ya una posibilidad sino un diagnóstico confirmado. Religioso como era, cuando terminaba su turno de trabajo se encaminaba al cercano barrio de San Lorenzo a pedir a su Jesús del Gran Poder por la salud del amigo. Quien conoce la Semana Santa sevillana conoce también la devoción de los cofrades a sus Cristos y Vírgenes. Pues sí, Manuel pertenecía a la Hermandad de Jesús del Gran Poder porque su padre y su abuelo también pertenecieron y él, cada madrugada del Jueves al Viernes Santo acompañaba a su Cristo tras la celosía de la túnica y el capirote.

Ni un sólo día dejó de ir a pedir por su amigo. A veces desde el interior del templo, otras desde el exterior, pues estaba cerrada la puerta. Allí se fumaba su cigarrillo y oraba de la manera más natural.

Pasaron los meses y, finalizando el mes de febrero, tras cuatro meses de tortura, su amigo falleció. Para Manuel fue golpe terrible del que pensaba que no se podría recuperar. En cierta ocasión, indignado, se plantó ante la imagen.
-Llevo cuatro meses viniendo día tras día a tu casa para pedirte la salud de mi amigo y no me has hecho caso. Cuando quieras verme tendrás que venir Tú a mi casa.
Con ese despecho le habló, movido por la tristeza y el coraje que le atenazaban.

Llegó la Semana Santa y con ella la salida procesional del Jesús del Gran Poder. Manuel, como prometió, se quedó en el “hogar” de la nave. Nadie en la Hermandad recordaba ninguna ausencia de Manuel y ese año a todos extrañó enormemente.

La Estación de Penitencia se iba desarrollando con normalidad, hasta que una poderosa nube descargó agua y más agua de una manera casi torrencial. Nazarenos corriendo, músicos huyendo… en unos minutos el cortejo quedó desmembrado y el riesgo para la imagen se hacía patente. Capataz, hermano mayor y otros líderes de la Hermandad ordenaron a los costaleros una “levantá” excepcional y, a la carrera callejearon para encontrar refugio al paso.

Manuel no podía conciliar el sueño y se sobresaltó con la impresionante tormenta y cuando en el portón de la nave golpeaban con furia. Se lanzó escaleras abajo y llegado a la corredera preguntó con una voz poderosa: -¿¡Quién es!?
-¡¡El Gran Poder!! -se oyó al otro lado del húmedo y frío metal.

                                                                                                      Mari Luz

SABÍA QUE VENDRÍAS

Predicaba Jesús en Perea, provincia situada al Este del río Jordán, quizás la más bella y pintoresca de toda Palestina, cuando procedente de Betania le llegó un recado de las hermanas de Lázaro, anunciándole que éste se encontraba enfermo. Al recibirlo, Jesús comentó a los discípulos que la enfermedad no acabaría en muerte. No dio demasiada importancia al mal que aquejaba a su amigo y dejó pasar dos días aún, antes de emprender camino hacia Judea. Cruzaron el Jordán cerca de Jericó y continuaron hacia el Sur hasta que al cabo de más de día y medio de camino, alcanzaron Betania.

Cuando llegaron a la aldea, Lázaro llevaba cuatro días sepultado. Marta se enteró de que llegaba Jesús y salió a su encuentro.
-Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano, pero sé que todo lo que pidas a Dios te lo concederá -le dijo.
-Tu hermano resucitará -contestó Jesús.
Más tarde apareció María, la hermana de Marta, también llorando. Jesús la abrazó y le preguntó: -¿Dónde lo habéis sepultado?
Dirigieron a Jesús a la parte oriental del monte de los Olivos, lugar donde se hallaba el enterramiento, que era una cavidad cubierta con una losa.
-¡Quitad la losa! -ordenó Jesús.
Marta se le acercó y en voz baja advirtió: -Señor, ya huele. Lleva aquí cuatro días.
-Haced lo que os digo -replicó Jesús-. Así lo hicieron y tras elevar los ojos al cielo, gritó con voz potente: -¡Lázaro, sal fuera!
Con cierta dificultad por las vendas que lo envolvían y por el sudario que le cubría el rostro, Lázaro salió de la oquedad quedando estupefactos cuantos se encontraban allí. Algunos cayeron al suelo impresionados, otros lloraban emocionados y otros huían aterrorizados.

La casa de Lázaro no era mejor que la de otros habitantes. Una parte de ella se aprovechaba del abrigo de una roca, mientras el resto estaba construida con bloques de caliza tan blanda que se cortaba con sierras. No tenía más que dos estancias. Se accedía a ella a través de un vano carente de puerta, que preservaba la intimidad del exterior mediante una gruesa cortina. La ausencia de muebles era patente. En la parte posterior otro vano daba salida a un precioso huerto repleto de flores, naranjos y limoneros. En él, una pequeña alberca.

Ya había pasado más de una hora, cuando Lázaro regresó de haberse lavado y se dispusieron a tomar algunos alimentos. La gente aún se agolpaba en el exterior deseando ver a los protagonistas de tan extraordinario suceso.
En la habitación, sobre una alfombra sentados, estaban Jesús, Lázaro, que acaba de sumarse y María, que aún tenía los ojos muy enrojecidos. Marta, que era la más hacendosa, entraba y salía de la estancia con gesto severo, como enojada. En sus manos un cuenco de arcilla con higos secos y una jarrita con vino. Sobre una piedra circular en la alfombra, un plato con almendras, una palangana con agua y un trapo para la higiene de las manos.
-No prepares más cosas, siéntate a nuestro lado -dijo Jesús dirigiéndose a Marta.
Aún debió insistir Jesús una vez más, antes de que obedeciera. Se arregló el velo que cubría su cabello y doblando las rodillas se acomodó en la alfombra. De nuevo afloraron las lágrimas a sus bellos ojos negros y humillaba la cabeza no queriendo ser vista. Jesús, al par que le acercaba un tazón con un poco de agua, le preguntó:
-¿No estás contenta, Marta? ¿Por qué?
Ella trató de tranquilizarse, bebió agua y contestó con voz entrecortada: -Sí lo estoy, Señor, pero...- interrumpió la frase. Jesús la animó a continuar: -Pero... ¿qué?
Marta suspiró, miró a su hermano, que poco a poco iba recuperando el color y el aspecto saludable, y añadió: -¿Era necesario tanto sufrimiento? Sé que estabas lejos de nosotros, Señor, pero ¿acaso entraste en la casa de aquel centurión que pidió tu ayuda? En dos ocasiones amigos nuestros te avisaron de la gravedad de Lázaro para que vinieras, pero Lázaro llegó a morir. De nuevo la interrumpieron los sollozos.
-Pero Lázaro no ha muerto, Marta, míralo aquí, a mi lado. Él te mira –dijo Jesús.
-Sí, pero, ¿sabes cuánto hemos padecido mientras agonizaba, cuando moría y cuando le dábamos sepultura? -respondió ahora algo más alterada Marta y elevando un poco más el volumen de su voz.
-¿Qué has querido? ¿demostrar tu poder ante toda esta gente, aun a costa de nuestro dolor? -añadió más exaltada aún.
-¡Marta! –regañó con firmeza María recriminando la injusticia de las palabras de su hermana. Marta también se dio cuenta de su dureza y ahora lloraba con amargura al par que trataba de incorporarse para salir, avergonzada, de la estancia.
Jesús se lo impidió sujetándola por el brazo, mientras con una sonrisa tierna le decía: -¡Oh! Marta, Marta, eres la más fuerte de esta casa y en cambio has demostrado una gran debilidad y falta de fe. Y continuó: -¿Tratas de comprender la voluntad de mi Padre? En verdad, en verdad te digo que más fácil sería contener todas las aguas del Jordán en este cuenco de arcilla. Mira a tu hermana, ella sólo tiene fe y calla.
María se sintió halagada y aproximándose a Jesús reposó la cabeza sobre su hombro. Se hizo el silencio entre ellos, aunque persistía el murmullo de la aglomeración de curiosos que aún continuaba fuera.
De nuevo volvió Marta a dirigirse a Jesús con energía, planteando todas las dudas que se había formulado:
-Señor, has devuelto a nuestro hermano a la vida y mi agradecimiento me llevaría a dar la mía por ti –Jesús agachó la cabeza y sonrió –pero sigo sin comprender: ¿es el sufrimiento que hemos padecido justo castigo por nuestras faltas e iniquidades?
Jesús reaccionó a esas palabras con un gesto irritado y replicó con firmeza:
-¿Acaso cuando una madre ve que su hijo puede caer al pozo, no lo retira con rapidez del brocal y le da un par de azotes en el trasero? ¿Piensas, Marta, que esa madre ha querido hacer daño a su hijo? Esos azotes significan otra cosa, ¿verdad? Pues mi Padre os quiere mucho más que la madre a su hijo.
-No trates de comprender. Me encontrarás en todas partes, sólo con irme a buscar -añadió con un tono mucho más dulce.

María y Lázaro escuchaban con atención sin reservas, abismados en las palabras de Jesús. De nuevo habló Marta, ahora bastante calmada:
-Sé, Señor, que detrás de todo estás Tú. Perdona mi falta de paciencia y mi inseguridad.
Jesús sonrió, bebió un poco de vino y dirigió la mirada a Lázaro preguntando:
-Y tú, Lázaro, amigo, ¿tienes algo que decir?
Lázaro, que había permanecido cautivado mientras Jesús y su hermana conversaban, tardó unos segundos en reaccionar. Suspiró, sonrió, tomó la mano de Jesús y dijo:
-He pasado miedo y frío, Señor, pero sabía que vendrías.
Jesús lo abrazó mientras a Marta le resbalaban dos nuevas lágrimas por sus mejillas.

                                                                                                     Luis G. Ortiz

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