Bienvenido a este blog. Hasta principios de otoño de 2018 y desde marzo de 2010, sirvió para que el alumnado al que atendí en las áreas de Música y Lenguaje tuviera a su disposición una herramienta que poder usar al trabajar en dichas materias.
A partir de ahora se convertirá en el escritorio de un maestro jubilado. Pero no queriendo eliminar, por su posible utilidad, la información acumulada durante los ochos años citados, convivirán juntas las experiencias de una parte importante de la vida laboral con las experiencias de la vida de quien ya no ejerce la docencia.
Una advertencia: Desaparecen todas las imágenes y vídeos del alumnado, pero seguirá habiendo acceso a ellos a través del blog original, pulsando en el siguiente enlace Blog de Música y Lenguaje
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lunes, 25 de mayo de 2026

60 AÑOS TRAS EL ACCIDENTE NUCLEAR EN PALOMARES.

A raíz de la entrada anterior sobre los accidentes de aviación en Sierra Nevada, llamó la atención el que aludía a los acontecimientos de Palomares de 1966. Recuérdese que un aparato que pretendía ayudar en las tareas de búsqueda de las bombas nucleares caídas en el pueblo almeriense, se accidentó en nuestra sierra. Recibí correos solicitando escribir sobre este asunto y, aprovechando el sexagésimo aniversario de los terroríficos acontecimientos, expongo en las siguientes líneas lo mejor que he podido hallar sobre tales sucesos. Precisamente este mes de mayo se cumplen sesenta años desde que la Armada estadounidense se retiró de las aguas españolas dejando la cuestión "zanjada".

El escenario.

Palomares, localidad almeriense perteneciente al municipio de Cuevas del Almanzora, era en 1966 una barriada pequeña. No tenía alumbrado, ni asfalto en las calles, no había televisión... Sus vecinos se dedicaban a la pesca y a la agricultura. Eran gente muy llana, que se llevaban como una familia (muchos lo eran genéticamente). Todas las mañanas, alrededor de las 10:30, se juntaban (para repostar) dos aviones por encima de sus cabezas. Los vecinos miraban sin tener ni idea de qué significaba aquello. Eso sí, servía como referencia horaria pues sucedía siempre a la misma hora. Algunos pensaban que algún día iban a chocar aquellos aparatos.

Antecedentes.

El 17 de enero de 1966 pasará a la Historia como la confirmación del enorme riesgo que vivimos durante la llamada Guerra Fría. Se jugaba con fuego, con destrucción y tal riesgo no era una hipótesis, sino una realidad. En 1953 se firman los pactos de colaboración entre España y EEUU (Pactos de Madrid).  Esa alianza permitía a Franco la supervivencia del régimen tal y como era hasta ese momento permitiendo la presencia militar de EEUU en nuestro país. Se firmaba un convenio para la defensa mutua y de ayuda económica. Los pactos eran secretos pues a Franco no le interesaba aclarar el peligro que asumía España. 


Pactos de Madrid

William B. Jackson (primer teniente) destinado en Morón, cuenta que su misión era dar soporte a la operación Chrome Dome, un programa mediante el que USA hacía volar sus B52 hacia la URSS sobre el Círculo Polar y también sobre España y lo hacía durante las 24 horas del día y todos los días del año. El SAC norteamericano (Comando aéreo estratégico) perteneciente al ejército, controlaba las armas nucleares. Su lema era "La paz es nuestra profesión". La idea del SAC era que si la URSS atacaba EEUU, éstos debían contraatacar (destrucción mutua asegurada) pasando a la acción en minutos. Los B52 eran considerados los auténticos guardianes de USA y no podía haber ningún error. 

Con respecto a la radiación, los americanos habían llevado a cabo unos años antes, en el desierto, simulacros de accidentes nucleares (Operación Rollercoaster) donde suponían perder una bomba y tenían que localizarla; también operaciones de limpieza radiactiva (Operación Moist Mop). 

El accidente.

Fuego en el cielo gritó un espectador de corta edad. Trozos enormes se iban descomponiendo en otros más pequeños por las explosiones y los que caían a tierra levantaban llamaradas enormes. Los cristales de las ventanas se movieron. 60.000 litros de combustible ardieron instantáneamente más otros 120.000 del segundo avión. Al suelo se precipitan más de125.000 kilos de restos de los aparatos.

a) En tierra.

Un vecino y el cabo de la Guardia Civil recorrieron las zonas donde vieron caer fragmentos de los aviones. Trozos de hierro por todas partes, fuego y nubes de humo muy impactantes. En la puerta del cementerio había un cuerpo que podría corresponder a un piloto. Tenía las piernas cortadas y el pecho abierto. El guardia civil tomó la documentación de su cazadora y al abrirla vio la foto de tres niñas. Uno de los pilotos caído en tierra estaba vivo, aunque herido. Vecinos del pueblo lo rescataron completamente aturdido y lo trasladaron en furgoneta a Vera. A los americanos les extrañó que no hubiera heridos entre la población. Un tren de aterrizaje, por ejemplo, cayó junto a la escuela. Los vecinos  tuvieron un comportamiento excepcional y estaban muy preocupados por los fallecidos y heridos y dispuestos a la ayuda de cualquier forma. Fueron españoles quienes extrajeron a los fallecidos  del KC-135.  

b) En el aire.

El piloto del B52 refiere: Yo iba a bordo como tercer piloto. Mi cometido era relevar a los demás pilotos cuando fuese necesario. Estábamos enfrentados a la URSS y teníamos unos objetivos preseleccionados. Llevábamos bombas nucleares y si nos daban la orden atacábamos los objetivos. Para la misión que acabó en accidente salieron de Seymour Johnson (USA), cruzaron el Atlántico y se dirigieron a España. Allí teníamos un repostaje programado, que se llevó a cabo sin problemas. Charlie Wendorf era el comandante, así que él hizo el primer repostaje. Justo antes de llegar a la URSS regresaban hacia la costa española, donde harían el segundo repostaje. El piloto estaba cansado. Estábamos a 33.000 pies, nos colocamos tras el avión cisterna y el operador de manguera la guiaba. Tal vez íbamos algo rápido al acercarnos. Los aviones colisionaron (hay una foto en París Match que muestra la explosión). Se produjo una enorme bola de fuego. Los cuatro ocupantes del cisterna murieron en el acto. En el B52, dos fallecieron también instantáneamente y cuatro lograron saltar. Todo sucedió muy deprisa. Los que pudieron se eyectaron por la parte superior mientras que el copiloto lo hizo por abajo, por la zona de eyección del navegador de radar. Cuando salí del avión iba a la deriva sobre el Mediterráneo. 


                                         Única foto que existe del momento del accidente. París Match.

c) En el mar.

Los pescadores se percataron de la caída de la tripulación y fueron en su auxilio con sus embarcaciones. El barco de Bartolomé Roldán consiguió rescatar a Wendorf y a Rooney, que tenía una herida enorme en el glúteo. Le aplicaron cinta aislante y estopa y detuvieron la hemorragia. El barco de Alfonso Simó recogió al tercer piloto, al que arroparon y ofrecieron café con brandy para hacerlo entrar en calor. El pesquero de Francisco Simó acudió tan rápido como pudo, pero no encontró a nadie. Se había hundido.

Simulación.

Informes.

El informe oficial del accidente dice que hubo un error del piloto del B52 porque balanceó el avión y golpeó al cisterna. Lo pilotos aseguran que no fue así. Nunca estuvo claro qué provocó el accidente. Hubo un fallo estructural en el B52 (cuenta el piloto) que nos lanzó contra la nave nodriza. En la fuerza aérea hay un término en código que se usa para referirse a este tipo de accidentes con armas nucleares implicadas: Broken arrow (Flecha rota).

La prensa.

Poco después del accidente la prensa se enteró de lo sucedido. No sabía si había armas nucleares o no. Americanos y españoles están dispuestos a contener la historia. La palabra "nuclear" era tabú. Franco determina que la cobertura debe ser mínima. No obstante ante tanto efectivo en la localidad, la pregunta era obvia: ¿por qué tanta gente aquí? La respuesta también lo era: algo grave esta sucediendo. Muchos medios estadounidenses y europeos enviaron corresponsales a los que se les dice que trabajan recogiendo restos de los aviones, pero los trajes de defensa radiológica y equipos de medición reflejan algo más que una simple recogida de chatarra. Ingenuamente, un soldado informa a la prensa de que se ha perdido una bomba y la noticia sale a la luz inmediatamente. El gobierno ordena retirar de todos los kioscos del país la prensa extranjera, pero cientos de periodistas de todo el mundo llegan a España y el número de policías y guardias civiles se incrementa notablemente. El Ministerio de Información y Turismo era muy estricto y la prensa estaba claramente controlada. Los vecinos han de informarse por medio de emisoras de radio extranjeras (Radio Pirenaica).

La política.

El presidente Johnson conoce la noticia horas después del accidente y llama al secretario de defensa Robert McNamara interesándose por si las bombas pueden explotar. El siguiente eslabón es el embajador de USA ante España, Duke, y los dos siguientes el general Muñoz Grandes y el propio Franco. Aclaran que el riesgo podría ser enorme. Las bases en España se movilizaron (toda la decimosexta fuerza aérea) al mando del general Delmar Wilson.  España no moviliza unidades militares, salvo a la Guardia Civil. EEUU moviliza hasta 300 soldados. Wilson se percata de la magnitud de lo ocurrido inmediatamente. Las bombas, cuatro, eran 70 veces más potentes que la de Hiroshima.

Tras el accidente y desde la desaparición de la 4.ª bomba, España canceló los vuelos nucleares sobre su territorio. Eso preocupó a los militares, pues nuestro país era una parte fundamental de su estrategia durante la Guerra Fría. Si se perdía la relación, tal vez Inglaterra, Francia y Alemania podrían ponerse nerviosos por la presencia americana sobre sus territorios.

La URSS acusaba a EEUU del accidente y EEUU aseguraba que no había riesgo de explosión ni de radiación. No obstante, los soviéticos deseaban detener la Operación Chrome Dome y por tanto estaban muy interesados en que España expulsase a los americanos de la península. También pidieron, como es lógico, el cese de los vuelos nucleares.

Cuando las cosas no podían ir peor, aparece en escena un barco ruso. Era un barco espía especial, dispuesto a agarrar la bomba perdida. Suponía una amenaza para la operación pues podía interceptar las comunicaciones. Iba camuflado como pesquero, pero con equipos electrónicos de última generación. Se temía igualmente que submarinos rusos pudieran robar la bomba y descubrir su diseño o incluso hacerla estallar para culpar a los americanos. Se establece un nuevo protocolo de comunicaciones eliminado la palabra bomba y codificando algunas otras palabras. El barco ruso se aproxima tanto a la costa que un enorme destructor se acerca para hostigarlo.

Con la llegada a España del doctor Langhan (apodado Mr. Plutonio), el científico más relevante en temas de contaminación en humanos y en criterios de descontaminación, se cierran acuerdos a largo plazo. La JEN va aceptando por orden de la Presidencia del Gobierno de España (Franco y Muñoz Grandes).

El turismo se hundía, pues las reservas hechas para la zona se estaban cancelando. El embajador Duke le ofrece a Fraga Iribarne (ministro de Información y Turismo) la posibilidad de bañarse en la zona. Se demostraría ante el mundo entero que allí no había peligro de radiación. El baño fue una eficaz maniobra publicitaria.

Actuaciones.

Había que encontrar todas las armas y nos despreciar ninguna pista. Un guardia civil informó de haber visto algo parecido a un torpedo en una sierra cercana. La primera bomba (denominada n.º 2) fue hallada al día siguiente y en ella sí había explotado la carga de dinamita al caer al suelo. Le falló el paracaídas y alcanzó en su descenso los 300 km por hora. Afortunadamente el proceso nuclear no se inició, pero estaba rota. La llamada bomba n.º 1 fue localizada también a la mañana siguiente y estaba intacta. La bomba n.º 3 fue encontrada por un vecino y también se había abierto. Estaba en un agujero y existen informes que aseguran que estaba ardiendo cuando cayó. Los explosivos detonaron y había esparcido mucho polvo de plutonio. Entre esas dos bombas, 10 kg de plutonio se habían convertido en dióxido de plutonio (partículas microscópicas) que el viento esparció. Las primeras mediciones de radiación superaban el máximo nivel de los aparatos monitores. No fue hasta el 25 de enero (ocho días después) cuando se toman las primeras medidas serias de radioprotección para con los habitantes. 


Medición de la radiación

Mientras se llevan a cabo las tareas de descontaminación, se amplía el área de búsqueda de la 4.ª bomba y grupos de 50 ó 60 hombres peinan determinadas zonas caminando. Hay que imaginar en un lugar como Palomares un auténtico desembarco de hombres. Aquello era un espectáculo. Se construyó una pequeña ciudad en la playa para tanto soldado, a la que llamaron Campamento Wilson. Alrededor de 1.000 hombres con toda la intendencia necesaria (tiendas de campaña, cocinas...). Los lugareños compraban allí Coca-Cola, chicles y canjeaban tabaco americano por botellas de coñac. Helicópteros con monitores de radiación sobrevolaban la costa tras la bomba perdida. 


Campamento Wilson.

La Junta de Energía Nuclear (JEN), entidad española que trabajaba con dicha energía tanto para fines civiles como militares, toma cartas en el asunto y envía a sus técnicos a Palomares, haciéndoles firmar un documento de confidencialidad. Realizan trabajos independientes informando a la cadena de mando española. Había cosechas que se tenían que destruir, tierras que había que limpiar, pues en aquellos momentos los niveles de radiación eran tremendos (entre 200 y 300 veces superiores a lo normal). A los soldados americanos nadie les medía su radiación a la hora de entrar en el campamento. Cientos de ellos y decenas de guardias civiles recorrían áreas contaminadas buscando la bomba sin guantes ni mascarillas, mientras el viento costero levantaba la arena con su ímpetu. Vinieron especialistas que con los datos meteorológicos del momento del accidente, las características de los paracaídas y otros datos relevantes hicieron predicciones precisando el lugar de al caída del artefacto. Se especuló que estuviera enterrada en el propio agujero que su peso pudo provocar. La frustración era enorme. Palomares suponía el decimosegundo accidente aéreo americano en siete años, pero éste era el más grave.

La gente del pueblo comprendió la gravedad del asunto cuando quedó prohibido acudir a los lugares de trabajo. Al medirse la radiación de los habitantes, el miedo empezó a hacer acto de presencia. Cuando la JEN constata que la 3.ª bomba ha contaminado parte del pueblo, lo primero que hace es evacuar esas casas y que los habitantes se busquen la vida donde puedan. No se podía ni regresar para echar de comer a los animales, si bien los vecinos lo hacía de madrugada y se volvían a marchar. Las paredes se regaban con agua a presión, les daban una mano de cal y... "asunto resuelto". El plutonio se entendía peligroso si se respiraba, no si se depositaba sobre la piel. La gente pensaba en sus cultivos, pues nadie quería comprar sus productos. Toneladas de tomates se estaban pudriendo y los americanos limpiaban el terreno arrancando las plantas y prendiendo fuego a los campos. Hasta el cura del pueblo habló con el general Wilson para exponer el clima de psicosis que se estaba creando por la falta de información. Así pues, los americanos convocaron una reunión en el cine del pueblo con el general Wilson y el general español Arturo Montel. Se trató de hacer sentir al pueblo que todo iría bien, que nadie debía preocuparse, que habría compensaciones por pérdidas, etc. Se acordó retirar una parte superficial de tierra, mientras el resto sería arado. Un llamado plan A consistía en cavar una zanja y toda la tierra arañada meterla en ella y cubrirla. Para la JEN eso no era suficiente y pedía que se la llevasen ellos. Lo aceptable para la JEN no lo era para los americanos pues suponía llevarse el 90% de las tierras. Ambas partes ceden y se firma un acuerdo, si bien dos semanas después aparecen nuevas zonas contaminadas. 


Bidones de tierra.

El capitán del Juan de la Cosa preguntó si alguien había hablado con Francisco Simó. Fue este pescador quien vio caer un paracaídas y se disculpó en su momento por no haber podido rescatar al cuarto piloto. Cuando el pueblo preparó los ataúdes para los difuntos, los americanos no entendieron muy bien por qué había uno más que hombres fallecidos. Este hecho abrió la hipótesis de la caída al mar de la cuarta bomba. Lo que Simó vio caer en paracaídas no era un hombre sino el artefacto. La confianza en el pescador aumentó. Llegaron aún más barcos y se amplió la búsqueda en el mar. De repente allí estaba la Sexta Flota: 34 barcos de guerra en las costas de Palomares para pescar una bomba. Cerca de 3.500 hombres. Era todo un espectáculo. Se incorporaron buzos especialistas en desactivación de explosivos que podían sumergirse hasta 60 m. El Pentágono elige como coordinador de las operaciones al almirante William Guest, apodado el pequeño bulldog por su fiereza y tenacidad. La Armada no tenía forma de buscar en profundidades como los 2.000 m de Palomares, así que es necesario contratar a submarinos experimentales de empresas privadas. Aunque barajan el Cubmarine, el Deep Jeep, el Aluminant... el papel relevante lo interpretó el Alvin. La búsqueda también paraliza la economía pesquera (nadie quiere pescado contaminado) y los americanos han de crear un programa de abastecimiento de alimentos para la población. Los pescadores son contratados para realizar tareas para el ejército del aire.


Minisubmarino Alvin.

El Alvin comienza a rastrear el fondo marino e incluso desobedece órdenes para tratar de buscar donde decía Francisco Simó. Vieron algo que llamó su atención. Era la bomba y estaba cubierta por el paracaídas. En tierra se cuestionaron las imágenes tomadas por el submarino, tal vez porque no fue la Armada quien la localizó. Hubo que volver a bajar, mover el paracaídas y sólo entonces creyeron. Habían transcurrido ya tres meses y ahora era necesario decidir cómo subirla desde el fondo. La Marina construyó un artilugio que sumergieron para que el Alvin enganchara la bomba a él. Al iniciar el ascenso, el cable se rompió y la bomba volvió al fondo. En ese momento nadie podía saber si se volvería a localizar, pues era una zona muy difícil. No obstante, el Alvin la localizó una semana después y se encontraba al borde de un precipicio. Ahora se utilizaría un dispositivo para la recuperación de torpedos, llamado CURV. Se usaron tres cables para izarla. Se enganchó a dos de los cables, pues al operar con el tercero el paracaídas se atascó con la hélice. Se decidió subir todo ese enredo. Justo debajo de la superficie unos buzos colocaron unas correas y la subieron a la parte trasera de un buque. Por medio de la prensa el mundo entero pudo ver la bomba rescatada. Todo fueron celebraciones, filmaciones, fotografías, abrazos y felicitaciones a Simó (que fue condecorado), y a todos quienes intervinieron en el rescate. El gobierno americano pagó muchas indemnizaciones a quienes perdieron tierras o ganado. Simó recibió unos 2.000 $ aunque pidió mucho más.


La cuarta bomba, recuperada.

En definitiva, fueron los civiles quienes más aportaron al hallazgo de la bomba: Simó, el pescador; los dos civiles que en el Alvin (propiedad privada) la localizaron bajo el mar. Tras la marcha de todos los buques de la Armada las cosas nunca volvieron a ser como antes en la apodada Costa de la bomba. Se cargaron de tierra 4.800 barriles  de 250 litros, los llevaron a EEUU y los enterraron allí. Se firmaron, por parte de ambos gobiernos, certificados de que la tierra quedaba limpia y tan fértil como antes. Entre abril y mayo de 1966 el ejército de EEUU abandonó progresivamente Palomares.

Hoy.

A los 20 años del suceso, la JEN reconoció oficialmente que las bombas dejaron residuos radiactivos. La descontaminación de Palomares fue un fraude. Los certificados eran expedidos tras la comprobación con el medidor radiactivo PAC-15, que se sabe de una eficacia del 50% (aun siendo el mejor del momento).

La actividad del plutonio se reduce a la mitad en 22.000 años. O sea, la radiación, mayor o menor, estará allí para siempre.

Hasta la próxima.

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Material consultado

-Moreno Izquierdo, Rafael. "La Historia secreta de las bombas de Palomares" La verdad sobre el accidente nuclear silenciada durante 50 años. Ed. Crítica.

-Laynez Bretones Francisco. "Las bombas de Palomares 60 años después". Ed. Universidad de Almería.

-Movistar+ y otros. "Plutonio en Palomares".

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